¿Sabes en qué se diferencian las cebollas y las cebolletas?

Conoce las diferencias entre Cebollas y Cebolletas | HCMN

¿En qué cocina que se precie faltan las cebollas? Casi en ninguna, ¿verdad? Esto es así por las múltiples posibilidades gastronómicas que nos ofrecen, ya sea en sabor, potencia y un largo etcétera. Aun así y yéndonos a lo básico, podemos dividirlas en dos tipos: cebollas y cebolletas. Llegados a este punto, ¿conocemos sus diferencias?

Las cebollas más usadas en nuestro país son las marrones o las amarillas, aunque seguro que alguna vez hemos comprado las moradas. Con todo y con eso, como decíamos al comienzo existe más de una docena de clases, cada una de ellas tiene un sabor distinto. Pero lo llamativo se encuentra en la cebolleta porque es, injustamente, la gran desconocida de la familia. Comencemos por acercarnos un poco más a ella.

La cebolleta

Es fina y alargada, tanto que se funde con tallo, de color blanco intenso en su parte inferior y verde según nos aproximamos a la superior. Con frecuencia es confundida con los calçots pero, ¡ojo! No son lo mismo. Los calçots reciben un tratamiento especial durante su crecimiento para conseguir que sean tan increíblemente tiernos.

La temporada de la cebolleta va desde finales de la primavera hasta el verano y debemos conservarla en el frigorífico. Su bulbo alargado es más dulce y suave que el de la cebolla, su textura es crujiente y fresca, y se puede consumir cruda o cocinada en diversos platos. También podemos utilizar su tallo verde, del mismo modo que en el caso del cebollino o del perejil, para acentuar el sabor de gran variedad de platos.

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La cebolla

A pesar de que nos hace llorar, la gran estrella de la familia enriquece y aporta más sabor a cualquier plato al que la añadamos. Las hay de todos los tamaños, desde muy pequeña hasta grande. Es redonda, el color de su interior va desde el blanco al amarillo suave (aunque hay excepciones), su piel exterior es seca y va desde el marrón al amarillo, pasando por el morado. Su redondo bulbo está claramente diferenciado del tallo, que no es comestible.

No suele necesitar refrigeración para conservarse fresca, pero si en nuestra cocina hace mucho calor es preferible que la guardemos en la nevera. Se puede comer cruda en ensaladas, pochada para aportar sabor al guiso, acompañar una carne o pescado; incluida en un asado, etc. En crudo, su sabor es dulce, fresco y ligeramente picante, según la variedad. Una vez cocinada pierde su punto picante y aumenta su dulzor.

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